Ignacio Arsuaga (Hazte Oír): “La campaña del bus incrementó nuestro número de miembros activos en 50.000 personas”

Hoy entrevistamos en Ikusle a Ignacio Arsuaga, presidente y fundador de Hazte Oír, la asociación que puso en marcha la polémica campaña del autobús contra el anuncio de Chrysallis Euskal Herria a favor de los menores transexuales.

Ikusle: ¿Quién es Ignacio Arsuaga y por qué decide dedicarse al activismo social?

Ignacio Arsuaga: Casado, padre de cinco hijos, abogado de profesión. Desde joven he tenido la inquietud de mejorar el mundo, cambiar las cosas, promover los valores en los que creo y que muchísimas personas comparten. Y con esa inquietud he tratado de aprender de entidades de la sociedad civil, especialmente estadounidenses, que facilitan la participación ciudadana a través de Internet. Y con esos aprendizajes y algunas lecturas decidí dedicarme al activismo social.

¿Qué es y quiénes están detrás de Hazte Oír?

Hazte Oír es una asociación civil fundada en el año 2001 y reconocida como entidad de utilidad pública. Su misión es ser una herramienta de participación ciudadana que quiere dar voz a personas que comparten valores como el derecho a la vida, la familia y las libertades. Nuestra actividad principal son las peticiones online dirigidas a políticos, legisladores, gobiernos y personas con capacidad de decisión. Actualmente somos casi 800.000 miembros. De ellos, casi 7.000 son socios y aportan un donativo mensual.

¿Cómo es vuestro funcionamiento organizativo?

Como en cualquier otra asociación, detrás de Hazte Oír están sus socios, que delegan el gobierno de la institución, su día a día en una junta directiva. Además, hay un equipo de profesionales que trabaja en Hazte Oír y da continuidad y soporte a la actividad, que es intensa.

¿Cómo os financiáis?

Nos financiamos con las cuotas de los socios y con aportaciones de personas que donan una cantidad de dinero de forma puntual a Hazte Oír o específicamente para realizar una campaña concreta. El 56% de los ingresos de Hazte Oír proceden de las cuotas de sus socios y el 44% de donativos puntuales.

¿Recibís subvenciones públicas?

No recibimos ninguna subvención ni recurso procedente de las administraciones públicas. Y no lo recibimos ni lo queremos recibir porque la independencia económica garantiza nuestra independencia de acción.

Desde algunos sectores, se asegura que Hazte Oír es un grupo afín a la órbita del Partido Popular…

Cuando tienes una presencia social, pública, es inevitable que intenten etiquetarte. Hazte Oír es una asociación apolítica en el sentido de que no está vinculada a ninguna ideología o partido. Entre sus miembros y socios hay de todo. Y cuando hemos tenido que criticar determinadas actuaciones del PP o de sus dirigentes, como Cristina Cifuentes en Madrid o con Mariano Rajoy por defender el derecho a la vida, lo hemos hecho. Y por poner otro ejemplo, hemos difundido una petición ciudadana contra los vientres de alquiler que han apoyado miles de personas. Y sobre este tema, el PSOE se ha pronunciado en contra pero el PP no se ha definido. Podríamos decir que nuestros temas son transversales, no ideológicos.

En 2013, se presentó la plataforma internacional CitizenGo, de la cual es Hazte Oír su principal promotora. Curiosamente, esta plataforma sigue el modelo de MoveOn, un grupo de presión estadounidense de ideología progresista. ¿Qué objetivos perseguís con CitizenGo?

CitizenGo es, efectivamente, una plataforma impulsada por Hazte Oír. Tiene una dimensión global porque a través de las peticiones ciudadanas estamos presentes en todos los continentes. Al igual que Hazte Oír, CitizenGo da voz a personas que promueven el derecho a la vida, la familia y las libertades y desde esos valores participar en la sociedad, llegar a las personas que tienen capacidad de decidir y cambiar las cosas.

Muchas de las campañas promovidas por Hazte Oír se centran en la defensa de la presencia de la religión en la vida pública. ¿Por qué debe tener, bajo vuestro punto de vista, espacio la religión en la sociedad?

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Hazte Oír promueve y defiende las libertades, entre ellas la libertad religiosa, es decir el derecho de las personas a profesar su fe y a practicar su religión en público y privado. La libertad religiosa, reconocida en la declaración universal de derechos humanos, en numerosos tratados internacionales y en la propia constitución española, implica que los creyentes tienen derecho a vivir según sus creencias y a hacer sus propuestas también en la vida pública. Y no deben ser perseguidos ni marginados por ello. Y en ese sentido defendemos esa libertad, en el marco de una sociedad plural y democrática.

Desde Hazte Oír, se ha asegurado en muchas ocasiones que la libertad religiosa está en peligro en el Estado y habéis realizados numerosas campañas en este sentido. ¿Qué razones os llevan a afirmar esto?

Así es. Hemos promovido varias peticiones ciudadanas relacionadas con la libertad religiosa, sobre todo alertando de las pretensiones laicistas de determinadas formaciones políticas empeñadas en arrinconar las creencias de miles de personas cercenando, por tanto, su libertad religiosa. Un ejemplo reciente ha sido el intento de expropiar la catedral del Salvador de Zaragoza por parte del Ayuntamiento gobernado por Podemos. Casi 130.000 personas, a través de Hazte Oír, pidieron al alcalde que respetara el templo, su historia y su titularidad. Hace unos días la CUP, en Barcelona, ha intentado apropiarse de la catedral. En esta ocasión han fracasado, pero en el futuro lo volverán a intentar. Y en el congreso se ha aprobado una moción que insta al gobierno a cambiar una ley de libertad religiosa con la única pretensión de promover el laicismo: retirada de crucifijos de edificios públicos, supresión de la clase de religión en la escuela, derogación de los acuerdos Iglesia-Estado de 1979, supresión de exenciones fiscales pero sólo para confesiones religiosas, etc. Es decir, con el pretexto de la neutralidad religiosa del Estado se pretende desterrar la religión católica, mayoritaria en España, de la sociedad. Todo ello vulnera el derecho fundamental a la libertad religiosa.


Otro de vuestros grandes objetivos es la revocación de la legislación actual sobre el aborto. ¿Es posible a día de hoy conseguir una modificación o suspensión en este sentido?

Efectivamente, la defensa de la vida humana es uno de nuestros principales valores y pretendemos conseguir que las leyes protejan el derecho a vivir de todos, también de los niños que todavía no han nacido. Somos conscientes de que este tema, lamentablemente, no está en la agenda política. Pero en España el aborto voluntario sigue siendo la principal causa de muerte, con 100.000 niños que no llegan a nacer anualmente porque se les niega el derecho más básico, que es el derecho a la vida. Y desde esa realidad, que convierte al niño y a la mujer en víctimas, tenemos que seguir trabajando para reducir el aborto y erradicarlo. Y hay cosas concretas que se pueden hacer para proteger el derecho a la vida.

¿Por ejemplo?

En la VII marcha por la vida que celebramos hace poco en veintisiete localidades españolas hemos pedido que la mujer reciba un informe de la ecografía que ya se le hace antes de tomar la decisión de abortar. Y que se le deje escuchar el latido de su corazón y no se baje el volumen del ecógrafo como de hecho se hace.

Sin embargo, no cabe duda de que vuestra campaña más famosa ha sido la de Los niños tienen pene y las niñas tienen vulva en respuesta a la realizada por la asociación Chrysallis Euskal Herria. ¿Cuáles fueron los motivos que os animaron a ponerla en marcha?

Desde el pasado mes de octubre estamos llevando a cabo una campaña informativa acerca de las leyes autonómicas que imponen ideología de género obligatoria para todos los centros educativos y colegios. Primero editamos y distribuimos El Libro Prohibido, una publicación que recopila citas textuales de esas leyes y explica por qué vulneran el derecho de los padres, reconocido por la constitución española y por numerosos tratados internacionales, a educar a sus hijos según sus valores. Y después salió la campaña de Chrysallis, que era muy agresiva, con imágenes explícitas de niños desnudos. Nosotros intentamos difundir nuestra publicación, que es gratuita, en las marquesinas de las capitales vascas y de Pamplona, pero no nos dejaron hacerlo. Entonces sacamos a la calle el primer autobús, que además del mensaje, invitaba a solicitar el libro. El revuelo causado por el HOBus ha hecho que miles de personas tengan noticia de una realidad que la clase política había ocultado: que las leyes imponen una educación afectivo-sexual ideológica y obligatoria en las escuelas.

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Ultracatólicos, homófobos, tránsfobos… Son muchos los apelativos en este sentido que habéis recibido tras poner en marcha esta campaña. ¿Qué les respondéis desde Hazte Oír a quienes os tildan de ello?

Sí, hemos recibido todo tipo de insultos, descalificaciones, amenazas e incluso agresiones físicas y pedradas. Hazte Oír es una asociación civil aconfesional en la que caben personas de todas las creencias, también agnósticas. Por tanto, ni católica ni ultracatólica. Las acusaciones de homofobia y transfobia las difundieron algunos medios y políticos tras la salida del HOBus a la calle pero ya hemos explicado en numerosas ocasiones que respetamos y pedimos respeto para todas las personas, independientemente de sus circunstancias y características, incluidas sus preferencias sexuales. Por tanto, rechazamos totalmente las acusaciones de transfobia y homofobia y condenamos toda discriminación y por supuesto agresión contra las personas. Me gustaría, por otra parte, recordar que hemos recibido apoyos como el de Charlotte Goiar, la primera persona autorizada por el tribunal supremo a cambiar de sexo. O que dos juzgados han dictaminado que los mensajes del HOBus no incitan al odio. Por cierto, que eso mismo escribió el filósofo Fernando Savater.

Esta campaña os ha colocado en medio del gran debate público. ¿Qué ha supuesto para Hazte Oír a nivel organizacional? ¿Habéis notado un aumento de las solicitudes de adhesión?

Si, efectivamente Hazte Oír es conocida ahora en España gracias al autobús. En las dos primeras semanas el número de miembros activos de Hazte Oír se incrementó en 50.000 personas. Actualmente estamos cerca de los 900.000 ciudadanos activos, es decir personas que participan activamente en nuestras campañas a través de las peticiones online. Por otra parte, hemos distribuido 330.000 ejemplares en papel de El Libro Prohibido.

Por último, ¿nos podrías adelantar cuáles son los próximos proyectos en los que Hazte Oír se encuentra trabajando?

Vamos a seguir informando a la sociedad del adoctrinamiento de género en la escuela. A través del HOBus y de otros medios, entre ellos publicaciones. Nos preocupa especialmente la ley mordaza LGTBI, una proposición de ley que ha redactado la Federación Estatal de Gays, Lesbianas y Transexuales y que Podemos ha llevado al congreso. La admisión a trámite se votará después del verano y queremos explicar a la sociedad lo que supondría su aprobación. Por ejemplo, el secuestro de libros sin orden judicial, los tratamientos quirúrgicos y hormonales a menores sin autorización de sus padres o la prohibición, para los profesionales, de ayudar a una persona que quiera, voluntariamente, revertir su orientación sexual. Esta ley es una amenaza real para los derechos fundamentales y las libertades de expresión y educación y vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano para que no salga adelante. Además, en septiembre vamos a lanzar la campaña Un latido, una vida, para pedir al Gobierno que apruebe una modificación de los protocolos para que a las mujeres que se están planteando abortar no se les oculte la ecografía que siempre se hace.

         

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