La Liga de Vascos Españolistas: El día que Sabino Arana pidió disolver el PNV

El 22 de junio de 1902, el semanario La Patria publicó un artículo titulado Grave y trascendental sobre el supuesto giro españolista de Sabino Arana, el fundador del nacionalismo vasco y del PNV:

“Corre el rumor de que el señor Arana Goiri (…) convencido ya de que continuar la campaña nacionalista sería gastar inútilmente preciosas energías que los vascos pudieran aplicar a la consecución de fines más asequibles, más prácticos, propónese desistir de continuar llamando a sus compatriotas al nacionalismo, recomendar a los que hasta ahora han acudido, reconozcan y acaten la soberanía española y pedirles un último voto de confianza para redactar y exponerles el programa completo de un nuevo partido vasco que sea a la vez español, que aspire a la felicidad de este país dentro del estado español, que camine hacia ella sin quebrantar la legalidad presente (…) que aspire a restaurar del pasado vasco lo que bueno y a la vez compatible con la unidad del estado español y con las necesidades de los modernos tiempos. (…) Cuando este rumor llegó a nuestros oídos, antojósenos lo que nos anunciaba muy grave y trascendental”.

A pesar de que La Patria no confirmaba el cambio ideológico de Sabino Arana, un día después, Sabino terminaba con los rumores en el nacionalismo con una carta enviada a su hermano Luis. En ella, se decía:

“Mi consejo es este: hay que hacerse españolistas y trabajar con todo el alma por el programa que se trace con este carácter. A mi modo de ver, la Patria nos lo exige. Esto parece un contrasentido; pero si en mí se confía debe creerse. Es un golpe colosal desconocido en los anales de los partidos. Queda empañada toda mi reputación. Deshecha la obra de muchos años, levantada a costa de grandes sacrificios. Tú ya me comprenderás. Recuerdos a Mari e Isabel. Mu a los chicos. Tu hermano, Sabin”.

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Cuatro días después, Sabino Arana anunciaba públicamente en La Gaceta del Norte que se había convertido en un “vasco españolista” y confirmó el rumor que, como reconoció, lo había difundido el mismo:


“De realizarse lo que anunciaba el artículo de La Patria, el nacionalismo tiene que dejar de serlo, si ha de ser patriota: por esto el más nacionalista, el más patriota, es el primero que acude a los pies de la patria a ofrecer en holocausto su nacionalismo, su mismo patriotismo, en interés de la patria misma. (…) La retirada, de hacerse, se hará con orden. Nadie se moverá de su puesto hasta que suene el toque de corneta, y se procurará que no haya bajas al dejar las posiciones que abandonemos. En las nuevas, los buenos vascos seguirán trabajando por su pueblo, pero sin considerarlo aisladamente, sino dentro del Estado español”.

Algunos de sus seguidores consideraron que la ruptura de Sabino Arana era, en el fondo, una nueva estrategia cuyo objetivo era político y que se basaba en conseguir la aceptación del nacionalismo vasco. Sin embargo, el propio Arana negó la mayor, tal y como detalló en un nuevo artículo publicado en La Patria:

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“No es esto lo exacto. Por el contrario, el cambio de que se trata afecta a la finalidad política, no a los medios o procedimientos: no al camino, sino al término a que por él nos dirigíamos. El nacionalismo aspira, como a término o fin exterior y político, a la independencia del pueblo vasco, del cual dos antiguos estados obedecen al poder francés y los otros cuatro a la soberanía española. Pues bien: según el pensamiento de que se trata, el partido que ha proclamado esa política renunciará ya a ella, aspirando a que los estados vascos que de hecho son españoles, reconociendo y acatando en derecho esta anexión o agregación suya a España, alcancen dentro de esa situación de derecho, dentro de la unidad del estado España, la mayor felicidad moral y material que alcanzar puedan. Por tanto, según el pensamiento de referencia, el partido vasco nacionalista dejaría de serlo, para transformarse en vasco españolista. He aquí cómo habría renunciado a su fin, para aspirar a otro sustancialmente diverso. Sólo el sujeto, el conjunto de personas que constituyen el partido, permanecería; el objeto, la idea política, habría sido reemplazada por otra de naturaleza opuesta; porque vasco nacionalista y vasco españolista no se puede ser a un tiempo (…). En resumen: (…) el partido nacionalista de hoy, sin variar de sujeto ni de medios de acción, renunciaría a su finalidad, que es el nacionalismo, y se haría rigurosamente españolista”.

         

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