Luis Balcarce (autor de PRISA, liquidación de existencias): “Cebrián da lecciones de democracia mientras lava su pasado”

Luis Balcarce nos recibe en la redacción de Periodista Digital situada en la madrileña Avenida de Asturias. Jefe de redacción del popular medio de comunicación fundado por Alfonso Rojo, Balcarce es el autor del libro PRISA, liquidación de existencias (FOCA) en el que descubre la verdadera historia del grupo mediático fundado por Jesús Polanco.

Ikusle: ¿Por qué un libro sobre el grupo PRISA?

Luis Balcarce: Porque desde que Jesús Cacho escribió El Negocio de la Libertad en 1999, en los últimos veinte años solo se publicaron dos libros sobre PRISA (Una historia de El País y del Grupo PRISA, de María Cruz Seoane y Susana Sueiro y Jesús Polanco de Mercedes Cabrera) y los dos, sin restarles ningún mérito, son bastante parciales y benevolentes con Juan Luis Cebrián y el imperio Polanco. Había que volver a reordenar las piezas de ese enorme puzzle que era PRISA y resolver algunos crímenes mediáticos como el Antenicidio y el caso Sogecable. Este libro es el primero, además, que analiza el origen, apogeo, decadencia y caída de Juan Luis Cebrián.

¿Cuáles son los orígenes de PRISA?

PRISA la fundan Darío Valcárcel, Carlos Mendo y José Ortega Spottorno en 1972 como empresa editora del diario El País, que no recibiría autorización para salir a la calle hasta tres años más tarde en 1975. Tras la limpia de los accionistas disidentes a comienzos de los años 80, Polanco se hará con el poder total de PRISA desbancando a Ortega Spottorno de la presidencia en junio de 1984 en alianza con Juan Luis Cebrián, director de El País. A partir de ese momento ya no se escucharían voces discrepantes en el consejo. Cebrián y Polanco aplastarán toda oposición a su proyecto ideológico que no era otro que hacer negocios a la sombra del PSOE de Felipe González.

Uno de los episodios más polémicos y nunca explicados de Santillana fue cómo consiguió hacerse, antes que su competencia, con el temario de la Educación General Básica. ¿Cómo consiguió Jesús Polanco imprimir los libros de texto varios meses antes de que la ley educativa que los regulaba fuera aprobada?

Santillana fue la puerta de entrada de Polanco al mundo editorial de la España franquista. Allí aprendió a moverse con soltura por los laberínticos pasillos de gobiernos de todo pelaje. “Yo creía que ganaba dinero con los libros hasta que lo empecé a ganar vendiendo periódicos”, confesaba Don Jesús a los suyos. Polanco negó recibir favores del franquismo que la información privilegiada le hubiera llegado por motorista: “Eso no es cierto, en aquel momento no cabían las filtraciones. Además los libros tenían que ser aprobados por el Ministerio antes de que salieran a la venta”, les dijo a Frattini y Colías. Polanquista hasta la médula, Mercedes Cabrera maquilla el capítulo más negro de la historia de Santillana con el argumento de que la información de los nuevos programas y asignaturas se publicó en dos revistas del Ministerio de Educación, la Revista de Educación y Vida Escolar. “La información fue pública para todos a fines de 1970”, dice. Cabrera argumenta que “lo que resultó esencial fueron la experiencia y los equipos que había consolidado Santillana en años anteriores”. Y esto último es cierto: Santillana contaba con unos formidables equipos de trabajo interdisciplinarios dirigidos por el pedagogo Emiliano Martínez, el ‘tercer hombre’ detrás del éxito de Santillana. Grupos de trabajo formados por psicólogos, pedagogos y diseñadores de primer nivel. Pero la pregunta que se hace Jesús Cacho sigue en pie: “¿qué editor se hubiera atrevido a imprimir 50.000 libros de texto cuando ni siquiera la ley había sido aprobada oficialmente?” A lo que el mismo Cacho responde: “Solo un hombre tan bien informado como Polanco que sabía que no corría ningún riesgo”. Ramón Tijeras y José Díaz Herrera acumularon decenas de demoledoras pruebas documentales que probaban que Santillana tenía impreso material para la EGB antes de que se publicara la nueva ley en el BOE. Tenía impresas, por ejemplo, 60.000 fichas de Matemáticas cuatro meses antes de que se publicara el texto de la ley, lo que revelaba una relación de privilegio con el entonces ministerio franquista.

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¿Qué hay de cierto en aquellos comentarios que aseguran que Santillana se lucró gracias a sus contratos firmados con varias dictaduras militares de América del Sur?

El negocio de los libros escolares implicaba, además de una sólida organización editorial, contactos políticos de alto nivel. ‘Pancho’ González y Polanco no escatimaron esfuerzos en trabajarse a ministros, secretarios y conseguidores de todo pelaje porque en el negocio del libro escolar más que en ningún otro manda aquello de a quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. Personas en la nómina de PRISA bien relacionadas y a las que se les ponen al teléfono gobiernos y dictaduras por igual como los casos del ex ministro chileno Patricio Rojas, el hijo de un presidente de Colombia, Diego Betancourt, o Juan Ignacio Zavala, cuñado del nuevo presidente del Gobierno mexicano, Felipe Calderón. Las conexiones de poder que Polanco no conocían otro color político que no fuera el del dinero. Podía hacer negocio con un comunista como Allende, fraternizar con los jerarcas del franquismo y luego cerrar un trato con la dictadura de Augusto Pinochet, gracias a los servicios de su amigo Hernán Cubillos Sallato, responsable de Santillana del Pacífico. Cubillos, director de la empresa editora del influyente periódico El Mercurio durante doce años y fervoroso colaborador a brazo partido con Pinochet en el golpe de Estado que derrocó a Allende, “Recuerdo como si lo estuviera oyendo ahora mismo, que Polanco me dijo: “Yo soy un puto (sic), y por conveniencia me acosté ayer con Suárez, y hoy lo estoy haciendo con Felipe González….”, resumió Ramón Tamames en sus Memorias.

El nombre de PRISA siempre irá unido a El País. Según Polanco, tres editoriales en contra del citado diario tenían la fuerza suficiente para derribar a quien fuera. ¿Cómo logró El País reunir semejante poder e influencia?

Los de los tres editoriales se lo contó Mario Conde a Jesús Cacho: “Es que estoy negociando la compra del paquete que me falta para hacerme con el 100 por ciento de la SER, y Solchaga se está poniendo muy pesado con el precio. Ya verás como con unos cuantos editoriales entra en razón”. El mérito hay que atribuírselo a Cebrián que supo hacer un periódico que era casi una institución de Estado. Emilio Romero reconoció que así como nadie se moría hasta que no salía su esquela en ABC, de la misma manera nadie existía si no salía en las páginas de El País. El trato de lujo que los ministros daban a sus corresponsales políticos llevó a que sus competidores acuñaran eso de que “las ruedas de prensa no empiezan hasta que no llega el redactor de El País”, retraso que solía ser premiado, además, con alguna filtración exclusiva. La arrogancia de sus periodistas sería con el tiempo toda una marca de la casa PRISA. Presumían de que una noticia no era noticia si no se publicaba en el diario de Polanco. Esa soberbia fue el pecado original del cebrianismo.

Otro episodio que generó ríos de tinta fue la adquisición de Antena 3 Radio por PRISA. ¿Cómo se diseñó la operación?

Antena 3 Radio, además de ganar dinero, era independiente de las consignas del Gobierno socialista. Un santuario de libertad en la asfixiante atmósfera mediática de la España felipista. El PSOE tenía dos problemas: se hundía en las encuestas y Mario Conde se estaba haciendo con los medios de comunicación. Cuando Moncloa se entera de que el banquero quiere comprar La Vanguardia, la maquinaria felipista se pone en marcha. Lo explico en detalle en mi libro. Para mí el cerebro de la operación es Polanco, que necesitaba acabar con Antena 3 Radio -porque ya superaba en audiencia a la SER- en compadreo con Narcís Serra, que le mete medio CESID a Godó en La Vanguardia. Un ejemplo de que cómo durante el felipismo las relaciones de los medios con la política se asemejaban más a los gangsters del Chicago de Al Capone que a un país flamante miembro de la Unión Europea.

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¿Tienen razón algunos profesionales que trabajaron en Antena 3 Radio cuando aseguran que PRISA y el gobierno socialista cometieron un “antenicidio”?

Sí. El pacto de los editores, sellado en la Fundación Santillana casi un año después de la toma de Antena 3 Televisión, en el que Godó, Conde y Polanco deciden un 25 de febrero de 1993 apoyar a González “porque era lo mejor para nuestros intereses” como dijo sin sonrojarse el banquero, fue en realidad un reparto: el de los despojos de Antena 3 Radio y Televisión

Juan Luis Cebrián, consejero delegado de PRISA durante muchos años, trabajó en los servicios informativos del franquismo. ¿Cómo logró pasar de la prensa de la dictadura a ser uno de los factotum de la prensa progresista?

Porque hubo un momento, como escribió Luis Carandell, en que en este país se hizo un pacto en no arrojar sobre nuestro presente el pasado de la dictadura. Hasta que llega Cebrián y comienza dar lecciones de democracia. Mientras él lavaba su pasado, Fraga y Suárez y sus partidos eran tachados de franquistas incorregibles. ¿Qué reconciliación era esa? San Cebrián, patrono de la Transición, fue el gran ideólogo del cordón sanitario contra el PP, y santo protector de los Pujol, la Madre Superiora del procés separatista. Las dos Españas siguen tan confrontadas como siempre.

¿Cuál ha sido el legado de Cebrian en PRISA?

Si usted hubiera invertido a comienzos de la etapa de Cebrián 42.000 euros en acciones de PRISA en el año 2000, hoy esas acciones apenas valdrían 40 euros. Ese es el legado de una gestión ruinosa gracias a la cual los inversores se arruinaron pero él se hizo inmensamente rico. Cebrián, como dijo Enric González, hizo de pirómano y de bombero.

¿Has recibido presiones o amenazas por parte de PRISA y su entorno en el transcurso de la amplia investigación que has desarrollado para escribir este libro?

No recibí ninguna presión. Solo recibí indiferencia por parte de PRISA. Juan Luis Cebrián no quiso hablar y canceló en dos oportunidades la entrevista que tenía pactada conmigo. La directora de comunicación de PRISA, Bárbara Manrique de Lara Jiménez, no respondió a mis insistentes correos y llamadas. Pedro Zuazua, director de comunicación de El País, tampoco respondió a las preguntas que le envié por correo electrónico. Javier Díez-Polanco también se negó a hablar conmigo. La excepción fue Augusto Delkáder, director editorial de PRISA, que sí aceptó recibirme en su despacho de la calle Gran Via.

Por último, ¿cuál crees que es el futuro de PRISA? ¿Podrá reconducir su multimillonario deuda o terminará siendo dividido y devorado por los fondos de capital riesgo?

La política de alto endeudamiento para encubrir la baja rentabilidad y la falta de modelo de negocio convirtió a PRISA en una empresa zombi. Culpar a los fondos buitres de haber saqueado PRISA es la excusa de un mal pagador. La culpa no la tienen los mercados sino la desenfrenada adicción de PRISA por el dinero fácil. El panorama no es fácil. PRISA afronta una deuda de unos 1.300 millones de euros tras el fracaso de la operación Media Capital. Y los Polanco no quieren vender Santillana pero creo que no les quedará más remedio que hacerlo porque es el único generador de caja potente que les queda. No supieron adaptarse a tiempo y ahora me temo que es ya es demasiado tarde.

         

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