Raúl González Zorrilla (La Tribuna del País Vasco): “Google o Facebook no pueden tratar a sus usuarios como imbéciles”

Hoy tenemos con nosotros en Ikusle a Raúl González Zorrilla, director del diario digital La Tribuna del País Vasco y experto consultor en materia de comunicación. Con él hablaremos de la actualidad del sector de la comunicación tanto a nivel vasco como global.

Ikusle: Desde tus editoriales en La Tribuna del País Vasco has asegurado que la prensa convencional ha muerto. ¿Cuál es la situación actual de los medios de comunicación?

Raúl González Zorrilla: Los medios de comunicación, especialmente los grandes grupos editoriales, pero también no pocos canales televisivos y radiofónicos, están económicamente arruinados por la aparición de nuevos competidores ligados a las nuevas tecnologías; éticamente corrompidos por décadas de marxismo cultural dominante y de sumisión acrítica al pensamiento único socialdemócrata que asuela Occidente; e ideológicamente perdidos porque se han alejado voluntariamente de los referentes sobre los que se construyeron y sobre los que se hicieron grandes a mediados del pasado siglo XX: los grandes valores occidentales derivados de la tradición grecorromana y cristiana.

¿La victoria de Donald Trump en las pasadas elecciones presidenciales estadounidenses, en contra de las encuestas y del criterio de los grandes medios, supuso el acta de defunción de los principales grupos de comunicación?

Sin duda. No solamente porque los grandes medios de comunicación no supieron leer lo que estaba ocurriendo en Estados Unidos sino porque, además, actuaron como nunca lo habían hecho a favor de un candidato, como fue Hillary Clinton, utilizando las tácticas más rastreras: insultando, manipulando, mintiendo, extorsionando y amenazando no solamente a Trump, sino también a sus votantes. Y su gran fracaso es que todo esto no les sirvió para nada, salvo para quedar más en ridículo aún. Con lo que, además, quedó claramente patente lo que más temen estos medios: que lo que dicen ya no importa a nadie y no influye en nadie. Ha ocurrido también en otros lugares como Gran Bretaña, Colombia, etc.

En algunas informaciones publicadas en el diario digital que diriges, has acusado a Google de apoyar a grupos terroristas como Isis o Al-Qaeda… ¿Es Google un peligro para la libertad en general y la de la prensa en particular?

Puede serlo en el futuro si esta empresa, amparada por los grandes gobiernos occidentales, se arroga a sí misma el derecho de decidir qué medios son correctos y que medios son incorrectos para, a continuación, devolver resultados de búsqueda basándose en estos criterios. Google o Facebook no pueden tratar a sus usuarios como imbéciles y decirles cuáles son las noticias falsas y cuáles no. Entre otras cosas porque los grandes difusores de fake news son medios presuntamente respetables como The New York Times, en manos del millonario mexicano Carlos Slim, The Washington Post, en manos del millonario Jeff Bezos, El País, en manos de un millonario catarí, CNN, en manos de millonarios presuntamente progresistas, etc. Y sí, efectivamente, Google apoya el terrorismo de dos maneras: voluntaria e involuntariamente. Lo hace voluntariamente cuando, como ha revelado Wikileaks, pone su tecnología al servicio del Gobierno de Barack Hussein Obama para ayudar a la entrada en Siria de grupos rebeldes que, espoleados por el Ejecutivo Demócrata, iban a tratar de derrocar a Bashar al-Asad. Esos grupos rebeldes estaban liderados por terroristas de Al Qaeda y el autodenominado Estado Islámico. Pero también lo hace involuntariamente cuando a la hora de devolver respuestas en el buscador, Google valora tanto la declaración de una víctima del terrorismo como la sandez dicha por un terrorista. Al poner toda la información sobre el terrorismo en el mismo nivel, deja la información sobre este tema en manos de los más radicales, de los más extremistas y de los más violentos. El todo vale de Google equipara la estulticia y la crueldad de los terroristas con la sabiduría, la reflexión, la tolerancia y el esfuerzo democrático. Y eso es una indecencia.

¿Qué impacto tiene en los medios de comunicación, sobre todo en los digitales, que Google sea el mayor gestor de publicidad a nivel global?

Google juega un doble papel: ofrece su publicidad a los medios digitales a través de AdSense y DoubleClick y, al mismo tiempo, vende espacios publicitarios en su buscador con AdWords. Como macroagencia de publicidad que ofrece anuncios a millones de medios digitales es importante, pero está perdiendo mucha relevancia a marcha forzadas paralelamente al que es un secreto a voces que conocemos perfectamente todos los que trabajamos en los medios digitales: el banner está muerto. Lo que sí es importante es la competencia que hace Google a los medios de comunicación tradicionales ofreciendo publicidad en su buscador a través de su programa AdWords. Hoy en día, para muchos sectores empresariales y profesionales, es la publicidad más efectiva y barata que hay. Ningún medio puede competir con ella.

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Siguiendo con Google, la Unión Europea ha multado al gigante de Mountain View por prácticas monopolísticas, lo que ha provocado el aplauso de no pocos grupos mediáticos. ¿Crees que Google actúa como un monopolio? ¿Acierta la Unión Europea multando al principal buscador global?

Europa, con sus monarquías idiotas, su socialdemocracia totalitaria, su buenismo inútil, sus millones de funcionarios y su apuesta por la mediocridad, es lo más contrario a la innovación, la creatividad, el atrevimiento, la riqueza tecnológica y el descaro científico que representa Google. La multa es una vengaza de la Unión Europea, presionada por los grandes grupos de comunicación europeos que, como decíamos antes, ya no saben lo que hacer para seguir viviendo del cuento, siendo como eran antes los poseedores y los gestores exclusivos de la información. Eso ya se ha acabado. Y ellos también se acaban. La Unión Europea haría bien en no dejarse arrastrar por los más inútiles del continente. Aunque no parece que esté por la labor. De una vez por todas, necesitamos más Europa y menos Unión Europea.

Recientemente, uno de los columnistas más destacados de La Tribuna del País Vasco ha sido censurado por Twitter, desatándose una gran polémica en las redes sociales. ¿Es Twitter una red social neutra o ejerce de actor político activo?


La neutralidad es, siempre, una toma de postura. Si eres neutral entre la Policía y los terroristas; entre las democracias occidentales y los totalitarismo islamistas,; entre los agresores y los agredidos, entre los que apostamos por los derechos individuales y quienes tratan de imponer unos presuntos derechos colectivos, entre… Eso no es neutralidad. Eso es colaboracionismo con los terroristas, con los islamistas, con los liberticidas. Y eso es lo que hace Twitter. No hacer nada y, cuando hace algo, lo que hace es cerrar las cuentas que quienes señalamos a los terroristas, a los islamistas, a los liberticidas. Twitter es una impostura moral y un despropósito comunicacional.

Muchos diarios digitales consideran que el modelo de acceso gratuito es económicamente deficitario y han apostado por implementar muros de pago. ¿Crees que cobrar a los usuarios es una buena manera de que algunas cabeceras de la prensa digital abandonen los números rojos?

No. Los muros de pago no han funcionado, no funcionan y no funcionarán nunca para los medios generalistas. Sí funcionan muy bien para medios sectorializados como los científicos, culturales o artísticos que proporcionan la máxima información sobre temas muy muy concretos. La mayor parte de los grandes medios, para salir de los números rojos, deben reducir en un 90% sus directivos, sus aviones de negocios, sus locales en los centros de las principales ciudades y sus exigencias de prebendas. Deben hacerse más pequeños, más flexibles, más ágiles, más modestos y más humildes. Y deben dedicarse a hacer periodismo.

Una de las particularidades de La Tribuna del País Vasco es que ofrece a profesionales y empresas un servicio de consultoría de comunicación. ¿Deben reorientarse los medios, además de a la creación de contenidos, a la prestación de servicios adicionales como el vuestro?

A nosotros nos funciona, pero no es cuestión de dar pistas a la competencia.

¿Cuáles son los principales clientes del área de consulting de La Tribuna del País Vasco?

Empresas medianas-grandes, fundaciones, despachos de abogados, consultorías internacionales.

Frente a un modelo mediático en el que prima la rapidez, la brevedad y el trending topic, tu diario digital se ha orientado hacia la opinión, el reportaje de investigación y las informaciones alternativas que no siempre publican los grandes medios. ¿Cómo ha sido la acogida del público hacia ese tipo de periodismo que practicáis?

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Excelente. Tenemos, obviamente, muchísimos menos lectores que otros grandes medios que apuestan por las brasileñas en la playa y los escándalos del corazón, pero hemos conseguido un nicho de mercado muy fiel, muy comprometido, muy militante a favor de nuestro periódico y que se va extendiendo. Hace unos días, un lector andaluz me decía: “Leo La Tribuna del País Vasco y el mundo se me pone en orden otra vez”. Es el mejor piropo que nos han echado nunca.

El ecosistema informativo vasco está copado por dos grandes conglomerados como son Vocento y Grupo Noticias. ¿Hay espacio para más medios e, incluso, la aparición de nuevos grupos de comunicación en el País Vasco?

Por supuesto. Hay grandes necesidades informativas, a nivel temático, que están sin cubrir en el País Vasco. Y alrededor de ellas pueden surgir nuevos medios.

La Tribuna del País Vasco es uno de los pocos diarios de ámbito vasco que no acepta subvenciones ni publicidad institucional. ¿Es posible para un medio sobrevivir sin el dinero público? ¿No supone una desventaja competitiva para La Tribuna del País Vasco con respecto a otras publicaciones el no acceder a esos fondos?

La Tribuna es un medio liberal en el sentido clásico de la palabra. Y abogamos porque el papel del Estado, de las instituciones, sea el mínimo con el fin de que se incrementen las libertades y los derechos individuales de las personas. Por eso La Tribuna del País Vasco no quiere subvenciones. Somos lo que seamos capaces de conseguir por nuestra propia cuenta. No necesitemos que nos ayuden con los presupuestos públicos, que son el dinero de todos, y que deben estar para otras cosas. Uno de los grandes males del periodismo europeo actual es esa dependencia económica de las instituciones. Más aún en el País Vasco donde solamente por escribir en euskera ya te subvencionan con el dinero de todos. Vergüenza debería darles a muchos. ¿Por qué hay que subvencionar a un periódico y no, por ejemplo, a un despacho de abogados, a una cafetería o a un supermercado? Dar dinero a los medios de comunicación es una aberración ética, política, ideológica y cultural. Muy europea, por cierto.

¿Cómo debería ser la relación entre las instituciones públicas y los medios de comunicación? ¿Son demasiado dependientes unos de otros?

Los medios, sean éstos como sean, han de estar siempre a favor de las instituciones democráticas y, al mismo tiempo, controlando, vigilando, escrutando y analizando a éstas. Un medio ha de ser siempre visto con recelo por las instituciones. Si no es así, es que ese medio no está haciendo buen periodismo.

Por último, ¿cuáles son tus próximos proyectos profesionales?

El próximo 1 de septiembre, ponemos en marcha La Tribuna de Cartagena, la primera franquicia de La Tribuna del País Vasco fuera de Euskadi. Es un nuevo periódico digital, dirigido por el periodista y escritor Josele Sánchez, que tratará de convertirse en una voz importante en un territorio que es clave en la historia de España. Y que es clave para el futuro de nuestro país. Por otro lado, tengo comprometida la entrega de una novela para finales de 2018. Tengo algunas páginas escritas, pero no llevo el ritmo que desearía. En los próximos meses tengo que avanzar mucho más con ella. Y, por supuesto, consolidar a La Tribuna del País Vasco como un digital referente en el Estado y en Sudamérica del pensamiento liberal-conservador. Hoy en día, defender el pensamiento occidental tradicional, el que se construye sobre nuestros antecedentes cristianos y greco-latinos, es el nuevo punk, la nueva protesta, la forma más intensa de desobediencia a la ideología repugnante y totalitaria de la socialdemocracia universalizada y de lo políticamente correcto. Y en eso estamos.

         

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