¿Sabías que el principal impulsor de la ultraderecha en Francia fue François Mitterrand?

El 26 de abril de 1981 se celebró en Francia la primera vuelta de las elecciones presidenciales. El presidente y candidato de la liberal-conservadora Unión para la Democracia Francesa (UDF), Valéry Giscard d’Estaing, fue el más votado tras recibir el 28% de las papeletas. La segunda posición fue para el líder socialista François Mitterrand que rozó el 26% de los votos emitidos. En tercer lugar, el neogaullista Jacques Chirac y su recién fundada Agrupación por la República (RPR) quedababan fuera de la segunda y decisiva vuelta al obtener el 18% de los sufragios.

Los diamantes de Bokassa

A pesar de la victoria inicial, la mayoría de los analistas políticos consideraron que las posibilidades de Giscard d’Estaing de revalidar su estancia en El Elíseo otros siete años eran mínimas. En otoño de 1979, Le Canard enchaîné desveló que el dictador centroafricano Jean-Bédel Bokassa había regalado al político francés diamantes por valor de 150.000 euros en una de sus visitas. La respuesta del entonces presidente fue despreciar al citado diario por su carácter satírico. Sin embargo, Le Monde tomó el relevo de Le Canard enchaîné y acusó directamente a Giscard d’Estaing de corrupción. El presidente llegó a los comicios presidenciales sin que su equipo de comunicación hubiera logrado apagar el incendio. Ante buena parte de la opinión pública gala, Giscard d’Estaing carecía de credibilidad y no debía continuar ni un minuto más como la principal autoridad del país.

No obstante, los estrategas de la UDF confiaban en recibir el apoyo de Jacques Chirac y su RPR. A fin de cuentas, los neogaullistas pertenecían también a la familia de los liberal-conservadores y apoyar a un socialista como Mitterrand sería un suicidio ante su electorado. Efectivamente, Chirac no pidió el voto para el candidato de izquierdas pero tampoco animó a sus votantes a hacerlo por Giscard d’Estaing. El 10 de mayo, François Mitterrand fue elegido nuevo presidente de la república con el 51% de los votos.

La coalición con los comunistas

Aunque Mitterrand recuperaba la presidencia para el Partido Socialista (PS), el resultado de la segunda vuelta hizo sonar todas las alarmas en el número 10 de la parisina calle de Solférino, la sede nacional de la formación. A pesar del descrédito de Giscard d’Estaing ante el electorado, la victoria de Mitterrand había sido por apenas 3 puntos y los interrogantes se abrían de cara a las elecciones legislativas que debían celebrarse el 14 y 21 de junio decirse mismo año.

Sin apenas márgen, el PS ofreció al Partido Comunista de Francia (PCF) y a otros grupos minoritarios de la extrema izquierda una coalición electoral llamada Mayoría Presidencial a fin de evitar un posible triunfo de los liberal-conservadores de la UDF y la RPR, que ya habían anunciado que concurrirían juntos a los comicios bajo el nombre de Unión por una Nueva Mayoría. La oferta de los socialistas fue finalmente aceptada y la izquierda salvó los muebles superando el 56% de los votos emitidos en la segunda vuelta. Miterrand se garantizaba a priori una presidencia tranquila gracias a los 333 diputados obtenidos por su coalición, 87 más de los necesarios.

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Pero, de puertas para dentro, el presidente desconfiaba de sus socios en general y del PCF en particular. No hay que olvidar que Mitterrand, en su juventud, había militado en los Voluntarios Nacionales del coronel François de La Roque, una de las principales figuras del fascismo galo y fundador de La Cruz de Fuego y del Partido Social Francés, organizaciones que no destacaban precisamente por su simpatía hacia el comunismo. Además, Miterrand no era un político proclive a los pactos ya que su visión del ejercicio del poder era muy personalista y centralizada. Todo lo que fuera depender de terceras partes le incomodaba extraordinariamente. Mientras tanto, consciente de su vital importancia en la coalición, el PCF presionaba sin descanso al presidente lo que llevó a este y a sus asesores a buscar una nueva estrategia para liberarse de sus incómodos y exigentes socios de gobierno. Y aquí es donde entran en escena el desconocido y marginal Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen.

En 1972, el movimiento neofascista Orden Nuevo y un grupo de militantes procedentes de diferentes organizaciones liderados por Jean-Marie Le Pen fundaron el Frente Nacional (FN) con el objetivo de aglutinar bajo una misma sigla a la desperdigada extrema derecha francesa. Relegando el activismo de tipo callejero y adaptando su mensaje y formas a los nuevos tiempos, el FN aspiraba a llegar al poder mediante las elecciones.


De fracaso en fracaso

A pesar de las expectativas iniciales, los resultados obtenidos por la formación en los sucesivos comicios fueron desastrosos durante toda la década de los 70. En las elecciones presidenciales de 1974, la candidatura liderada por Jean-Marie Le Pen obtuvo poco más de 190.000 votos, su mejor resultado. En las legislativas de 1978, el FN se tuvo que conformar con apenas 83.000 apoyos. Incluso dentro del partido, la mayoría de los militantes consideró que el proyecto había fracasado y que, antes o después, se disolvería. La crisis en la formación fue de tal magnitud que, en los comicios presidenciales de 1981, el FN no presentó candidato alguno. En las legislativas de ese mismo año, la candidatura de Le Pen tocó suelo con tan solo 44.000 votos.

El salvavidas mediático del FN

Lo que Jean-Marie Le Pen y el FN desconocían era que François Mitterrand y sus estrategas habían decidido lanzarles un salvavidas que, sin duda, sería clave para el posterior crecimiento de la formación. La idea del presidente era muy sencilla: potenciar al FN por todos los medios con el objetivo de debilitar a la coalición liberal-conservadora formada por la UDF y la RPR.

En junio de 1982, Jean-Marie Le Pen apareció en uno de los programas más vistos del entonces canal público de televisión TF1. Antes de su debut mediático, el FN y su líder unos perfectos desconocidos para la mayoría de los franceses. Ahora, gracias a la estrategia de Mitterrand para dividir el voto de la derecha, Le Pen era una estrella mediática y su partido se convirtió en uno de los temas recurrentes en la política gala. En el palacio de El Elíseo y en la sede del PS en Solferino se frotaron las manos. Desde ese momento, los entonces poderosos medios de comunicación de propiedad estatal cubrieron hasta el más mínimo detalle de la agenda y actividades de Jean-Marie Le Pen y del FN.

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El fin de la marginalidad

En 1984, se celebraron elecciones al Parlamento Europeo y el FN pasó de 44.000 apoyos a más de 2,2 millones logrando 10 de los 81 eurodiputados enviados por Francia a Bruselas. En apenas unos meses, la formación liderada por Le Pen pasó de la más absoluta irrelevancia a convertirse en el cuarto partido del país. La estrategia de Mitterrand se mostró completamente errónea: además de facilitar el acceso a las instituciones de la extrema derecha, la coalición formada por la UDF y la RPR fue la más votada superando el 43% de los votos emitidos. Cegado por la soberbia, el presidente se negó a reconocer su error y ordenó a los medios de comunicación públicos que insistiesen en la cobertura al FN.

En las legislativas de 1986, el FN ratificó su crecimiento y entró por la puerta grande a la Asamblea Nacional con 35 diputados tras lograr el 9,6% de los sufragios emitidos, esto es, más de 2,7 millones de votos. La coalición liberal-conservadora liderada por Jacques Chirac volvió a superar a la izquierda abanderada por el PS.

El destructor de la izquierda

Aún y todo, François Mitterrand tuvo más suerte en las siguientes elecciones presidenciales y logró permanecer en El Elíseo hasta 1995, superando en permanencia al general Charles de Gaulle como máxima autoridad de la república. Eso sí, lo hizo a costa de destruir electoralmente al PS, de facilitar la vuelta al poder de los liberal-conservadores y de convertir al FN en el tercer gran actor político de Francia. Se dio, además, una irónica curiosidad: los antiguos feudos del PS y del PCF se convirtieron, en pocos años, en los principales bastiones de la formación de Jean-Marie Le Pen.

Epitafio

En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2017 disputada contra Emmanuel Macron, Marine Le Pen consiguió más de 10,6 millones de votos, rozando el 40% del total de papeletas depositadas. Por su parte, la candidatura socialista, encabezada por Benoît Hamon, quedó eliminada en la primera vuelta tras conseguir 2,2 millones de votos, suscitando el apoyo de apenas el 6,3% de los electores. A día de hoy, nadie en la sede nacional del PS en Solferino parece dispuesto a admitir que el crecimiento de la extrema derecha en Francia se debe, precisamente, a uno de los iconos del socialismo galo del siglo XX.

         

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